Barcelona – Gran Hotel La Florida

Una de mis pasiones, como saben mis más allegados, es viajar. Así pues, no podía faltar en la web la “pestañita” específica para los tema de viajes y salidas así como puntos de interés que encuentro atractivos o importantes. Nunca he sido fan de diarios de viaje extensos donde se indica cada hora y minuto de lo que haces. Encuentro que es mucho más útil información concisa e importante de los lugares, formas de llegar, tiempo necesario para verlo… Así pues, en este rinconcito dedicado a este tema, intentaré explicar y dar información sobre lugares y zonas del mundo por las que he pasado para intentar ayudar o ser útil a todo aquel que quiera descubrir ese mismo sitio.

Para empezar la sección, voy a dedicar este post a mis compañeros de trabajo que me regalaron para la boda un cofre regalo Euphorie “Hotel & SPA”. Decidimos ir al Gran Hotel la Florida y a continuación os explico un poco de él por si queréis dejar caeros por allí.

Este hotel se encuentra en la carretera de Vallvidriera al Tibidabo. Este último nombre es el de una de las montañas que coronan la ciudad de Barcelona y alberga uno de los parques de atracciones más emblemáticos de la ciudad Condal. Ni que decir, que desde lo alto las vistas son impresionantes.

Este Hotel nació en 1924 en uno de los mejores y más bonitos emplazamientos de la ciudad.

Como tantos otros edificios y monumentos, el hotel sufrió las consecuencias de la guerra civil y fue utilizado durante el conflicto como hospital militar. No volvería a nacer como hotel hasta 1950, cuando fue convertido en lugar favorito de la clase alta catalana de la época. En años posteriores, Ernest Hemingway, James Stewart, George Sanders, Rock Hudson, la princesa Fabiola y el príncipe de Bélgica pasaron por aquí, pero en 1979, La Florida sucumbió al paso del tiempo y cerró sus puertas.

En 2001, requiriendo de 4 largos años de renovación, fue rescatado y convertido en el Gran Hotel La Florida que conocemos hoy en día, fundiendo lo antiguo con los avances modernos.

Finalmente, en 2013, es cuando nosotros los visitamos jejeje. La fachada antigua del hotel le da un toque especial y en su interior se encuentran muy bien conservado, observándose una combinación perfecta entre lo antiguo y lo moderno.

El trato, desde la entrada al hotel hasta la salida, fue exquisito por todos los miembros del equipo, tal como era de esperar de la categoría (creo que será la primera y última vez que estaré en un 5* Gran Lujo… Gracias compis!).

Respecto a las habitaciones (no puedo opinar de las suites lamentablemente…), en relación a las Habitaciones Deluxe (la más básica), cabe decir que necesitan una renovación. Algunas zonas del techo y alguna pared está en mal estado y con grandes marcas. El cuarto de baño, la cama superKing size y las vistas, perfectos.

En su interior el hotel posee SPA, piscina exterior-interior que comunica con el SPA y climatizada, gimnasio y zona wellnes. No llegué a entender porqué al contrario de otros lugares, las saunas están por separado hombres-mujeres. Respecto a los tratamientos Wellness, decir que nos entraba un masaje de media hora y fue excelente, totalmente recomendado.

Respecto a la restauración, a parte del Lobby Lounge y el Miramar bar, el hotel posee en su interior el restaurante L’Orangerie. Los platos buenísimos (desde aquí mi enhorabuena al chef Miquel Fuxà), pero los precios bastante excesivos. El problema de la zona es que en plena montaña no hay otras opciones cercanas, así que o bajas a Barcelona (sin coche no está bien comunicado) o cenas ahí.

Y esto es todo… Podéis encontrar más información en su página web. No quiero extenderme mucho más, buen “tocho” he escrito ya para ser mi primer post en relación a lugares y viajes.

Sólo añadir que si visitáis el lugar, no olvidéis una escapada al Parque de Atracciones Tibidabo (desde el hotel se llega andando…) para pasar un día divertido.

Saludos.

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